martes, 17 de marzo de 2026

88

Felicidades papá. Me cuesta escribirlo, pero es mucho más difícil afrontar este día sin poder decírtelo. Hoy habrías cumplido 88, pero desde hace unos meses estamos intentando asimilar los primeros días especiales, como este 17 de marzo, como el día de los Santos, la Navidad, otros cumpleaños de la familia.... En realidad todos son días especiales desde septiembre, pero hay fechas señaladas y situaciones singulares en las que se hace aún más presente tu ausencia.
Como en tantas otras cuestiones, he tenido muchas dudas sobre lo conveniente o improcedente de esta publicación. Por un lado, asumo que estas cosas personales no le importan a nadie, pero de alguna manera me sigo planteando algo que seguramente me ha ocurrido siempre y que toda la vida he asumido con cierta naturalidad; me refiero a lo de tener en cuenta qué pensarías o cómo te afectarían determinadas decisiones. Aunque no siempre acertaba, quiero pensar que te habría gustado (hasta te habría costado alguna lagrimilla) esta demostración pública de afecto. 
Tampoco he superado nunca las dudas sobre la fe, pero prefiero tirar de egoísmo y aferrarme al vínculo que tenías con tu Virgen de la Cabeza para pensar que de alguna manera, tal vez en algún lugar, estás contento hoy al ver que las cosas siguen más o menos como las dejaste y mucha gente que te quiso hoy también se acuerda de esta fecha por ti. También te gustaría comprobar que te tenemos muy presente, cada uno por su lado y cuando estamos juntos. No siempre lo decimos, pero es evidente que te echamos de menos y compartimos el sentimiento desde ese territorio del pudor tan nuestro, tan familiar, procurando que la nostalgia no nos arrastre hasta la tristeza. Aunque a veces sea inevitable. 
En estas fechas andaríamos debatiendo entre hermanos sobre el regalo que podríamos hacerte por tu cumpleaños y el día del Padre pasado mañana. Todos sabíamos que para ti era más que suficiente tenernos a tu alrededor, comprobar que estamos bien y vernos unidos. Aunque en esta ocasión seguro que el mejor regalo que podemos ofrecerte es hacer los deberes que nos pusiste en esos últimos días de verano para que estemos pendientes de mamá. Como te pasaba a ti, ella lo expresa a su manera, pero es la que convive permanentemente con ese vacío que has dejado. Cuenta con ello. 



viernes, 2 de enero de 2026

AP-26

En las últimas semanas he conseguido cierta regularidad en mi paso por el gimnasio, aunque no tengo claro si me estoy anticipando con los propósitos del nuevo año o tratando de compensar mi notable incumplimiento durante este 2025 que se nos va. 

Sirve el ejemplo para ilustrar el estado de confusión general con el que afronto este territorio temporal que discurre entre los balances, las reflexiones sobre el ser y el estar, los anhelos para lo que llega y otras cuitas que trato de gestionar con más voluntad que acierto. Tampoco será sencillo darle cierta coherencia a este relato breve porque no tengo nada claro el tono adecuado. Por exceso o por defecto, será imposible -espero que no improcedente- describir las sensaciones y emociones que se agolpan esta vez en ese tránsito que siempre fue especial entre el año que se viene y el que dejamos atrás. 
Digamos que hay una especie de ansiedad incontrolable por pasar la página del 2025, aún sabiendo que una parte importante de lo que soy se queda para siempre en ella. Quedan las lágrimas entre los escombros, pero también los cimientos firmes de su obra, de su legado, tan presente en el encuentro familiar de este primero de enero. Sobre ellos trataré de asentar algunos de los retos de este año que arranca. 
Ni pretendo ni puedo negarle el espacio que le corresponde a la tristeza que sobreviene por momentos, inevitable y hasta necesaria para poner las cosas en contexto y valorar aún más el contraste con tantas vivencias y tantos momentos hermosos que también ha dejado a su paso el 2025. 
En este vaivén anda uno, masticando despedidas y acumulando abrazos sanadores. Bajando despacio por la calle Melancolía, a punto de coger la salida para meterme en la AP-26 con tiempo despejado, trafico fluido, la baliza homologada en la guantera y, lo más importante, con la mejor compañía que uno podría imaginar para compartir el viaje. Allá vamos.