domingo, 9 de junio de 2019

Silencios

A falta de otros argumentos, romperemos el silencio bloguero a costa de otros silencios en los que, por algún motivo que podría venir a cuento, venimos reparando de un tiempo a esta parte. Seguramente siempre han estado ahí pero es posible que tengan ahora más sentido, o incluso que adquieran nuevos significados, o tal vez sea la edad la que nos hace más sensibles al mensaje que de ellos se desprende.
Sin base científica alguna que demuestre la teoría podríamos empezar por asegurar que existe una enorme variedad de silencios y, por tanto, un catálogo muy extenso de interpretaciones y sensaciones generadas por ellos. Pasaremos por alto algunos famosos silencios sobradamente analizados, como el de Hannibal Lecter y sus corderos, el más reciente del candidato Rivera en su minuto de oro del debate, o aquellos sonidos del silencio a los que cantaron Simon & Garfunkel en los 60.
Sin ánimo de establecer ningún orden o graduación de los mismos nos ocuparemos de otros silencios, empezando por ejemplo por esos silencios que lo dicen todo. Silencios rotundos y clamorosos que despejan dudas, si es que aún quedaba alguna duda por despejar. Silencios que explican hoy el ruido de fondo de ayer y anuncian el devenir ruidoso de mañana. Hay silencios que callan para otorgar.
Hay silencios que se pierden en el horizonte, que vienen y se van con el rumor de la marea que se empeña en besar la arena. Silencios de ida y vuelta que nos buscan y se alejan, que se alejan y nos buscan. Siempre en la orilla.
Hay silencios que huelen a tierra mojada en noches de verano que desembocan en tormenta atronadora y cielos rasgados de lado a lado.
Hay silencios que te abren la puerta cuando llegas a casa, que se sientan a tu lado en el sofá y se meten contigo en la cama. Silencios que se sirven con la sopa fría frente al televisor. Hay silencios que se mastican en silencio.
Hay silencios espesos que se enredan en las tripas y congelan los teléfonos, silencios que anuncian un adiós cuando las palabras ya no tienen sentido, cuando nada puede contener la despedida. Hay silencios que brotan en la distancia, que ensanchan océanos y hacen crecer las montañas.
Hay silencios que levantan muros de hielo en la almohada. Silencios que levantan muros de silencio. Pero también hay silencios que hablan con la mirada, silencios que incendian labios y prenden llamas entre las sábanas. Hay silencios que se colocan a tu lado, que te toman de la mano, que acompasan sus pasos a los tuyos y se convierten en los mejores compañeros en un tramo del camino.
Hay silencios de grana y oro. Silencios que dibujan el vuelo de una batuta en el cielo de Sevilla y liberan a ese Gato Montes que araña mejillas en la grada mientras el percal acaricia el albero por naturales. Hay silencios de Maestranza que no se pueden explicar, que ni siquiera se deberían intentar explicar. Silencios que nos evocan las lecciones de torería que dejó sin pretenderlo un golfo genial y cabal. "Tomo nota", diría el gran Juncal, ante esos silencios que lo dicen todo.